viernes, octubre 27, 2006

La Solidaridad como Excusa
04/06/06
El Diario Exterior

Juan Carlos Jiménez Redondo

La política española de cooperación se está haciendo cada vez menos comprometida, adoptando un sesgo asistencialista bajo la nueva capa del humanitarismo solidario. La cooperación se está convirtiendo en simple ayuda y parece olvidarse el largo plazo. Por no hablar de la renuncia a utilizar la cooperación como factor de cambio de las estructuras sociopolíticas y jurídicas de los estados africanos, que son las que realmente explican la situación desesperada que vive el continente.

Juan Carlos Jiménez Redondo
4 de junio de 2006

Hace pocas semanas, el gobierno español ofreció un importante paquete de ayudas a Mauritania con el fin de que este país africano pudiera frenar la oleada de inmigrantes que salen de sus costas con dirección a España.

Previamente, el gobierno había seguido idéntica estrategia con Marruecos. Más tarde, puso en marcha lo que denominó misión diplomática en África, también con el fin de contribuir a frenar la llegada de inmigrantes subsaharianos a las islas Canarias, y llegó a acuerdos de repatriación con varios países a cambio de incrementar las ayudas económicas que éstos reciben.

Según las previsiones del Plan África, la misión diplomática, que iba a movilizar a un número muy importante de funcionarios españoles con el fin de alcanzar los tan ansiados acuerdos de repatriación, se debía completar con un incremento de las ayudas oficiales al desarrollo para así conseguir crear las condiciones necesarias para fijar a los posibles inmigrantes en su tierra de origen y evitar las migraciones irregulares masivas.

Pero nada más iniciarse, el plan parece haber sufrido un revés importante. Sólo unos días después de que el gobierno español anunciara la conclusión del acuerdo de repatriación con Senegal, el gobierno de este país lo denunciaba aduciendo un eventual trato desconsiderado a varias decenas de connacionales que habrían sido engañados por las fuerzas de seguridad españolas, al asegurarles que embarcaban con dirección a Málaga cuando en realidad iban a ser repatriados a Dakar. Por su parte el presidente del gobierno de Guinea Bissau reclamaba a España que aceptara crear una cuota de inmigrantes legales para satisfacer así los deseos de los ciudadanos guineanos que deseaban dejar el país.

En estas condiciones, el plan África parece tambalearse en su objetivo de frenar la inmigración ilegal que llega a las costas españolas. Sin embargo, más allá de los hechos concretos, es importante preguntarse sobre el fundamento que asienta una iniciativa de este tipo. ¿Es realmente una política impulsada por un impulso solidario, o es realmente una política de temor inspirada por los conceptos clásicos de seguridad e interés nacional?

El tema es especialmente pertinente, pues el actual gobierno español parte de una noción normativista y neoidealista de las relaciones internacionales, según la cual, los grandes problemas del mundo son fruto de ese mar universal de injusticias del que tanto le gusta hablar a Rodríguez Zapatero, por lo que la solución a los mismos sólo cabe pensarla en términos de cooperación, diálogo, solidaridad y ayuda.

El propio Rodríguez Zapatero se ha definido como "un rojo", aludiendo con ello a su aceptación de una cosmogonía basada en el socialismo clásico y en las nuevas utopías de los "ismos" de la actual posmodernidad pos-soviética. Y no le falta razón. Su visión del mundo reproduce la tradicional visión neomarxista que tiende a concebir el sistema internacional desde un conjunto de dicotomías básicas: inclusión/exclusión; pobreza/riqueza; centro/periferia; homogeneidad/heterogeneidad; norte/sur. El mundo simbólico y comprensivo de Rodríguez Zapatero se nutre de polarizaciones que expresan las desigualdades, conflictos y condicionamientos económicos, sociales y culturales imperantes en el mundo. Esta división tiene responsables: los países ricos, que han generado una periferia dominada, históricamente explotada y expoliada de sus recursos. Por tanto, estos países son responsables morales de un mundo con niveles inaceptables de pobreza, marginación y desigualdad.

La dualidad lleva rápidamente a la responsabilidad y a la irresponsabilidad. La primera recae en los países occidentales; la segunda absuelve a unos países permanentemente expoliados y, por tanto, inertes ante unas estructuras internacionales fundamentalmente injustas. Por eso, para el presidente Rodríguez Zapatero la inmigración lo que realmente expresa es un fenómeno de reivindicación histórica y de denuncia de una situación inaceptable de marginalidad, opresión e injusticia.

Ante esta situación, la respuesta de una potencia civil y "humana" como España sólo puede venir a través de una firme y extensa política de cooperación para el desarrollo, que se convierte en un tópico simbólico-representativo esencial en el discurso humanitarista del presidente. De nuevo aparece una potente referencia moral –de solidaridad y "humanidad"- que contraponer a la política de poder que los socialistas asocian al anterior ejecutivo. Sin embargo, la concreción de la propuesta, es decir, el paso del discurso a la realidad es contradictoria, porque a la hora de la verdad, esta moralidad universal se atempera con la salvaguardia de los intereses nacionales. Por mucho que el discurso sobre la inmigración se revista de esa capa de humanitarismo solidario, lo cierto es que responde cada vez más a criterios de seguridad nacional y de interdependencia negativa. Esto es, los criterios justificativos de la cooperación son criterios de auto interés, de protección frente a los crecientes riesgos provenientes del mundo pobre y que cada vez tienen una mayor visibilidad social negativa.

El espacio entre la retórica y la realidad en este ámbito es cada vez mayor. Si los incrementos presupuestarios tenían en principio un valor fundamentalmente simbólico, para demostrar que las prioridades internacionales del nuevo gobierno estaban muy alejadas de la política de fuerza de los gobiernos del presidente Aznar, hoy se apartan cada vez más de criterios de solidaridad para afianzarse como una política más de seguridad interna. El problema no es que no deba ser así, sino que no se admita. Que en vez de decir: señores, debemos frenar la inmigración por razones de seguridad interna, se siga utilizando de forma espuria la retórica del humanitarismo solidario.

Además, y aunque pueda parecer contradictorio con ese incremento de gasto realizado, la política española de cooperación se está haciendo cada vez menos comprometida, adoptando un sesgo asistencialista bajo la nueva capa del humanitarismo solidario. La cooperación se está convirtiendo en simple ayuda y parece olvidarse el largo plazo. Por no hablar de la renuncia a utilizar la cooperación como factor de cambio de las estructuras sociopolíticas y jurídicas de los estados africanos, que son las que realmente explican la situación desesperada que vive el continente.

Porque la experiencia demuestra que toda cooperación resulta inútil si no existen unas condiciones mínimas que puedan hacerla efectiva. Y estas condiciones tienen mucho que ver con una apuesta decidida por la democracia y la edificación de Estados de Derecho, por el fortalecimiento institucional, por el fomento y canalización de inversiones productivas y a medio y largo plazo y, en general, por la creación de condiciones plausibles de gobernanza interna.

Pero esta apuesta exigiría asumir que el desarrollo no es algo neutro, sino que existen principios, valores y políticas que lo favorecen o lo impiden Y como los grandes principios del gobierno son el posibilismo, disfrazado de flexibilidad o "cintura", y el relativismo, pues es mejor apostar por la senda segura y descomprometida de la ayuda-asistencia. Así, la conciencia humanitaria se tranquiliza, aunque su efectividad sea muy escasa. Pero ¿en realidad importa?.

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Sobre la autora del blog

Marta Gaba Vivo en Buenos Aires (Argentina) y soy consultora en participación política e involucramiento potenciados por la utilización de TIC. He desarrollado mi profesión en distintos países de LAC, colaborando con diversas organizaciones. Pueden contactarme en Facebook, Twitter y Scribd

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