2 de Enero de 2007Diario de Madryn
Ayer, un periódico regional daba cuenta de haber descubierto el circuito de aprovisionamiento que el magnate Joe Lewis viene a hacer a Puerto Madryn, desde su “paraíso” rionegrino que está a poco más de cien kilómetros del Golfo Nuevo. Sin duda, el olfato de un sabueso periodístico permitió percibir entre tanto visitante extranjero, las poderosas camionetas de Hidden Like S.A. rodando por el boulevard y comprando en los comercios locales. Ésa fue una verdadera noticia que pocos conocían; sin embargo, la alarma sobre la extranjerización de la tierra en la Patagonia (y el resto del país), es un debate que los nativos conocemos muy bien desde la “primera colonización”, como dijera hace unas semanas en Puerto Pirámides, el periodista López Echagüe.
Aunque en el marco del planteo que hoy por hoy vive Madryn sobre su expansión, que ha llevado incluso a tratar de poner en crisis el sentido de pertenencia de algunos territorios a sus legítimos dueños, se podría decir que es hasta imprescindible este aporte de El Chubut, al verdadero debate que nos merecemos localmente sobre la mismísima tierra que pisamos.
Recientemente algunos actores, sobre todo ecologistas, junto a otros grupos de poder, cuestionaban cada paso de los intentos de expansión territorial que algunos vecinos intentaban encarar sobre sus propiedades. Se cuestionó públicamente el canje de tierras; se cuestionaron las operaciones con los territorios de la familia San Miguel; se cuestionó la compra de las tierras del ex Camping Municipal por el empresario Fabián Zúñiga; se argumentó en contra de algunas inversiones en el centro, como, por ejemplo, las vendidas por Daniel Laudonio; se presionó al punto de detener la posibilidad de disponer de sus campos en El Doradillo (más allá de respetar el espacio público de 1500 metros costeros –que es una extensión similar desde la costa marina hasta el Supermercado Norte nuevo, del ingreso a la ciudad) a los legítimos propietarios argentinos y madrynenses: Enrique García, Alicia Ciocale, Diego González Lernoud, José Cardini, Herederos de Juan Cardini, Margarita Rubilar, Caludia Conte, Carlos Spadone, Héctor Costa, José Stadler, Héctor Fernándes, Viviana Malacalza, Marta Cerretini, C. Mego, Claudio Campagna, Néstor Bezunartea, Luis Castelli, Oscar Dethier y Noemí Herreras. Con argumentos diferenciados que fueron desde los planteos más inverosímiles, pasando por cuestiones de precios, de espacios, de trayectorias, pero con una clara resistencia a los “dueños” locales.
Tanto se hizo, que el propio Intendente dio marcha atrás a su adhesión a la ley provincial mediante la que había organizado y garantizado expandir la ciudad a través del avance en las zonas agrestes, y ahora la ciudad está literalmente inmóvil hasta dentro de cuatro meses, que será cuando el licenciado Torrejón y algunos ecologistas anuncien cómo se seguirá y qué se podrá hacer y qué no en los campos privados.
Datos clarificadores
Ayer, el matutino colega daba cuenta del peligro del avance foráneo agregando un condimento más, pero sin percatarse tal vez de la íntima relación que todo esto conlleva. De hecho, se menciona la peligrosa escalada de adinerados foráneos tales como Joe Lewis, los hermanos Benetton, Ted Turner, Michel Douglas; Silvester Stallone y la austríaca Maia Swaroski, y podríamos salvar una omisión (entendemos que involuntaria) que es la de Douglas Tomkins, el magnate más conocido en la Patagonia que ya avanzó sobre Chile y Argentina.
Este dato no es menor porque podría echar algo de luz sobre la inexplicable resistencia a los “dueños” locales y el expreso “silencio de radio” ante los “nuevos dueños” extranjeros.
Si uno piensa desde el más mínimo sentido común, en la defensa a ultranza que tan bien llevan adelante algunas fundaciones, los interrogantes se disparan interminablemente: ¿Por qué las ONG nada dicen de esta extranjerización de grandes porciones del territorio no sólo patagónico, sino nacional? ¿Por qué no resisten sus proyectos, sus inversiones, sus mansiones, sus árboles? ¿En el caso de Lewis, que está a pocos kilómetros y en la misma costa, qué pasa con las ballenas de sus costas, son diferentes a las de la nuestra y no merecen protección?
Podríamos hacer una lista interminable de preguntas seguramente sin respuesta, pero creo que el lector podrá paulatinamente ir respondiéndose por sí mismo, con el correr de los tiempos.
Es que pareciera que el gran debate está en garantizar que los verdaderos bolsones de naturaleza que cotizan internacionalmente estén en manos de quienes mejor pagan y más valoran la investigación.
Por eso, cuando hablamos de la omisión de Tomkins vale tal vez recordar que fue uno de los primeros extranjeros en comprar en las costas madrynenses, en sociedad precisamente con una fundación y de la mano de uno de los más prestigiosos científicos locales. (Ver cuadros adjuntos). Contradicción si la hay, visto todo esto a la distancia y con buena memoria.
Como dijera el periodista Hernán López Echagüe, uruguayo de nacimiento, pero sin embargo ultradefensor de nuestra tierra: “De todos esos argentinos, sí me siento extranjero. Soy extranjero de la Argentina racista, aristocrática y fóbica que promueve el honorable y decente señor Blumberg; de la Argentina de Videla, Agosti, Massera; de los argentinos que de buen grado aplastarían con su vehículo a los trabajadores desocupados que cortan rutas y calles, familias sumergidas en la miseria que los argentinos decentes comparan con las sagradas vacas de la India, porque todos los ciudadanos bien nacidos deben someterse sin rodeos a su enojosa presencia, porque nadie puede hacerlos a un lado, porque nadie puede eliminarlos (…)” A lo que humildemente podríamos agregar que no es raro que nos sintamos extranjeros en nuestra propia ciudad, frente a nuestros pares que en nombre de la Ecología hace rato que hablan otro idioma.
Un tema para debatir en serio.
Página web: www.diariodemadryn.com
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